El pasado jueves 13 de septiembre la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó, con 143 votos a favor del total de 192 países y a pesar de la marcada oposición de Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.
Este documento, que lleva dos décadas de negociaciones y afecta a 370 millones de personas, es especialmente importante porque responde a demandas históricas fundamentales de las comunidades autóctonas del mundo: el derecho a “la autonomía o autogobierno en los temas relacionados con sus asuntos internos y locales”, al control de sus tierras y recursos naturales y la preservación de su cultura y tradiciones.
Por esta razón, el Secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon, calificó a esta declaración como “un triunfo para todas las comunidades indígenas del mundo”, al tiempo que instó a los gobiernos a que incluyan en sus agendas de derechos humanos los temas relacionados con estas garantías.