Declaraciones FLAPE  
 
     
 
     
 
30 de Marzo de 2007
     
DERECHO A LA EDUCACIÓN Y PARTICIPACIÓN CIUDADANA:
UN DESAFÍO DEMOCRÁTICO PENDIENTE

El Foro Latinoamericano de Políticas Educativas (FLAPE) es una iniciativa desarrollada por un conjunto de instituciones que actúan en el campo educativo, buscando ampliar y consolidar un espacio regional de reflexión, opinión e incidencia en las políticas públicas.

Nuestro objetivo es promover la defensa y el mejoramiento de la educación como derecho social y bien público. Entendemos que es necesario contribuir desde el pensamiento crítico a las transformaciones necesarias para que el derecho a la educación sea una oportunidad efectiva para todos los latinoamericanos y latinoamericanas, sin distinción de género, etnia, raza ni origen social.

En el marco de nuestras acciones en defensa del derecho a una educación de calidad para todos y todas, así como de nuestras iniciativas de promoción de la participación ciudadana en el campo educativo, las instituciones que conforman el Foro Latinoamericano de Políticas Educativas (FLAPE) declaramos:

1. Las políticas neoliberales se han constituido en uno de los principales obstáculos para el cumplimiento del derecho a la educación. Nuestras sociedades son profundamente injustas, desiguales y discriminatorias. Conviven en ellas formas de exclusión que se superponen, se funden y se confunden, cuestión que nos obliga a entender, por ejemplo, los complejos mecanismos mediante los cuales opera la discriminación social y educativa basada en criterios de clase, género, etnia, raza, edad o región. Las políticas neoliberales y los programas de ajuste fiscal aplicados por los gobiernos latinoamericanos durante las últimas décadas, se han constituido en uno de los principales obstáculos para el cumplimiento del derecho a la educación. ¿Cómo producir cambios en las políticas sociales sin intervenir sobre las políticas económicas vigentes? Por nuestra parte, consideramos que las políticas educativas democráticas encuentran un límite difícil de superar si no son acompañadas por políticas públicas que redistribuyan el ingreso, disminuyan los efectos excluyentes generados por la injusticia social y generen condiciones efectivas de igualdad en nuestros pueblos. La educación puede y debe constituirse en un mecanismo efectivo de fortalecimiento de los procesos de democratización y, en tal sentido, el trabajo cotidiano en las escuelas y centros educativos constituye una oportunidad indeclinable para la construcción de una sociedad más igualitaria. Sin embargo, pretender cambiar la educación sin siquiera cuestionar las estructuras de discriminación y exclusión inscriptas en nuestros modelos de desarrollo, tiene un efecto limitado para la construcción de las condiciones efectivas de igualdad sobre las que deben edificarse los derechos humanos y sociales de toda sociedad democrática. En contextos sociales marcados por el crecimiento o la persistencia estructural de elevados índices de pobreza e injusticia social, que hoy sumergen en la miseria a más de 200 millones de latinoamericanos y latinoamericanas, la educación suele ser presentada como la causa perversa que ha producido esta situación o bien como la solución milagrosa de los procesos que le dieron origen. Esta ambivalencia marca a la educación con un inexorable estigma maligno o bien le atribuye un redentor mandato salvador del cual depende el futuro de nuestras sociedades. Las instituciones que constituimos el Foro Latinoamericano de Políticas Educativas, nos manifestamos contra ambas descripciones reduccionistas, proclamamos la importancia de la educación como un derecho humano, como bien público y como oportunidad efectiva para la construcción de las condiciones que hacen de las nuestras sociedades más justas e igualitarias. Del mismo modo, reafirmamos que hay que cambiar la educación si queremos cambiar la sociedad, pero estamos convencidos que si no cambiamos la sociedad, difícilmente cambiaremos nuestra educación.

2. Sostenemos que la participación y la incidencia de la sociedad civil en las políticas educativas constituye una condición sine qua non para que éstas tengan un carácter democrático e igualitario. La educación pública es producto de la histórica lucha de nuestros pueblos por la dignidad, la justicia social, la afirmación de nuestras identidades y el reconocimiento de los derechos ciudadanos. Revertir las consecuencias provocadas por la aplicación de un modelo político neocolonial, sexista, racista, etnocéntrico y discriminador supone la reconstrucción del poder y la soberanía popular, el fortalecimiento de los espacios públicos y la promoción de ámbitos efectivos de participación ciudadana. Desde nuestra perspectiva, la ampliación de la participación popular en el diseño y gestión de las políticas educativas es parte constitutiva de la lucha por el derecho a la educación. Sostenemos que la participación y la incidencia de la sociedad civil en las políticas educativas constituye una condición sine qua non para que éstas tengan un carácter democrático e igualitario. Consideramos de fundamental importancia las acciones de la sociedad civil en defensa del derecho a la educación, entendiendo que las mismas constituyen una condición y una garantía para consagrar la eficacia de este derecho, haciéndolo una realidad efectiva y duradera en nuestras sociedades.

3. El fomento de las “leyes de mercado” asociadas a un debilitamiento del rol del Estado en la promoción de los derechos sociales ha acentuado los mecanismos de segmentación y diferenciación de nuestros sistemas escolares. Los gobiernos neoliberales, inspirados en la retórica de los organismos financieros internacionales, han promovido la privatización y la focalización fragmentaria de la política social. El clientelismo y la corrupción, marcas endémicas de nuestras sociedades, articuladas a políticas de bajo impacto democratizador, conspiran contra el fortalecimiento de las condiciones que hacen posible el desarrollo de sistemas educativos incluyentes y de calidad. Durante estos años, y con rarísimas excepciones, se profundizaron los procesos de segmentación y diferenciación de los sistemas escolares en América Latina. Revertir estas tendencias constituye un desafío urgente y necesario.

4. Observamos una enorme distancia entre las legislaciones respecto al derecho a la educación y la realidad de exclusión y segregación en la que vive buena parte de la población de nuestros países. Esto traduce una inocultable falta de voluntad política en algunos de los gobiernos latinoamericanos para enfrentar de forma efectiva las desigualdades educativas y sociales que nos atraviesan endémicamente. Del mismo modo, aunque el derecho a la educación está reconocido de manera amplia y enfática en toda la legislación de los países latinoamericanos, la realidad de miseria y exclusión, asociada a los factores mencionados y a una elocuente falta de voluntad política por parte de los gobiernos de la región, hace que el mismo no pase de ser un dispositivo jurídico de limitada eficacia democrática. Numerosos diagnósticos, entre los que destacamos nuestros estudios sobre el estado del derecho a la educación en América Latina, ponen en evidencia la vulnerabilidad y precariedad de este derecho y las dramáticas condiciones que enfrentan las escuelas públicas en nuestros países. La fragilidad de la ley y los mecanismos instituidos para infringirla, dentro y fuera del propio Estado, conspiran contra el derecho a la educación, volviéndolo una formalidad normativa sin grandes consecuencias prácticas.

5. El discurso participacionista de muchos gobiernos no necesariamente tiene su correlato en instancias de participación auténticas ni en el fortalecimiento del poder real de la sociedad civil en la definición de las políticas educativas. Existe en la región una significativa variedad de normas legislativas que apuntan a garantizar diversas formas de participación de la sociedad civil en las políticas públicas. Los mecanismos formales creados por esta legislación, como consejos, comités, foros, etc., son de gran importancia y deben ser ampliados. Sin embargo, como evidencian numerosos estudios y más allá de las retóricas participacionistas, el poder real de estos espacios suele no ser tan efectivo. Diversos sectores de la población, especialmente los más perjudicados por las políticas conservadoras y neoliberales, carecen de mecanismos efectivos para amplificar su voz, sus demandas y justas exigencias democráticas. Muchas veces, los mecanismos de participación de la llamada “sociedad civil”, lejos de promover una ampliación del poder de los ciudadanos y ciudadanas, consolidan tecnologías de control y disciplinamiento mediante los cuales pretenden cooptarse las demandas populares y las organizaciones que las representan, legitimando las políticas en curso.

6. Una reforma de la educación orientada a fortalecer y ampliar los alcances del derecho social al conocimiento y la lucha contra todo monopolio del saber, supone también la lucha por la implementación de efectivas reformas democráticas en la estructura misma del Estado. Los sectores conservadores se han apropiado de la bandera de la reforma de las agencias gubernamentales, reduciendo ésta a la privatización y la terciarización de toda acción estatal. Quienes constituimos FLAPE consideramos que el Estado tiene una responsabilidad inalienable e indelegable en el campo educativo. Sin embargo, también consideramos que debemos contribuir a transformar la estructura de nuestros estados, ya que ella conspira contra la posibilidad de hacer de los derechos sociales una realidad efectiva en la vida cotidiana de las grandes mayorías. El propio Estado ha promovido, en América Latina, su privatización, debilitando la efectividad de las leyes sociales y minimizando su alcance democrático. Un Estado débil para defender los derechos de los más pobres a una vida digna, y poderoso para ejercer la fuerza y la violencia a favor del gran poder económico y de las corporaciones que dominan la escena política latinoamericana. Reformar el Estado para reformar la educación y reformar la educación para reformar el Estado, es el desafío que asumimos como miembros de nuestro Foro.

7. Cambiar prácticas de discriminación sexual, étnica, social y racial al interior de la escuela, debe constituirse en un imperativo ético y político para los gobiernos y para todas las organizaciones democráticas de nuestras sociedades. El derecho a la educación ha sido históricamente violado manteniendo fuera de la escuela a un significativo número de ciudadanos y ciudadanas. Sin embargo, también se lo vulnera dentro del propio sistema escolar mediante políticas orientadas a precarizar las condiciones de trabajo en los salones de clase. Los trabajadores y trabajadoras de la educación han sufrido y sufren hoy la implementación de políticas que, más allá de la retórica electoral o mediática, no han hecho más que precarizar las condiciones para el ejercicio de la docencia y la formación de docentes no está a la altura de los desafíos pedagógicos y curriculares que se enfrentan cotidianamente en nuestras escuelas. Del mismo modo, en muchas de nuestros centros escolares se han instituido poderosas prácticas de discriminación sexual, étnica, racial y regional. Cambiar estas prácticas es un imperativo ético y político para la construcción del derecho efectivo a una educación de calidad para todos y todas.

8. Defender el derecho a la educación supone también defender la reforma democrática de la escuela pública. El sistema educativo está perdiendo su potencia como espacio promotor y constructor de derechos, que alguna vez tuvo en algunos de nuestros países. El derecho a la educación supone, inexorablemente, el derecho a la escuela. Entretanto, el derecho a la escuela, en las condiciones de precarización ya mencionadas, no siempre supone el derecho a la educación. Las organizaciones que componen el Foro Latinoamericano de Políticas Educativas (FLAPE), nos comprometemos a trabajar activamente por la implementación de una reforma democrática de la escuela pública, reconociendo el valor fundamental que la misma posee, en una sociedad democrática, para la construcción y promoción de los derechos ciudadanos, la justicia social, la solidaridad y la igualdad. Defender el derecho a la educación supone defender la reforma democrática de la escuela pública.

9. El fortalecimiento de movimientos y organizaciones sociales con capacidad de incidencia en las políticas educativas es central para la conquista de una escuela pública de calidad para todos y todas. De tal forma, consideramos de gran importancia el fortalecimiento de los movimientos sociales y populares que, ejerciendo los principios de una democracia activa, construyen cotidianamente la ciudadanía, luchando por los derechos humanos y sociales. Del fortalecimiento y multiplicación de los movimientos y organizaciones populares depende, en buena medida, el futuro de una escuela pública de calidad para todos y todas.

10. Los miembros de FLAPE alentamos y apoyamos todas las acciones de los gobiernos de la región cuyas políticas se orientan por una ética de la igualdad, la justicia y la profundización democrática de nuestras sociedades. La situación de crisis que atraviesa la educación latinoamericana está lejos de llegar a su fin. Sin embargo, con gran expectativa, los miembros de FLAPE acompañamos y alentamos las acciones desarrolladas por gobiernos de la región que aspiran a superar los estrechos límites que políticas neoliberales dejan a la construcción de sociedades más igualitarias y democráticas. El fortalecimiento de estas experiencias post-neoliberales resulta de fundamental importancia para el futuro de América Latina. De su éxito depende que comencemos a transitar un sinuoso, aunque imprescindible camino de conquistas democráticas que fortalezcan y multipliquen las oportunidades de todos y todas a una educación de calidad, donde el acceso y la permanencia en la escuela sean el ejercicio inalienable de un derecho sobre el que se edifica un futuro de justicia e igualdad.

Santiago de Chile, marzo de 2007

Fanny Muñoz
FE - Foro Educativo
Perú
Ingrid Sverdlick
LPP - Laboratorio de Políticas Públicas - Buenos Aires
Argentina

Miguel Angel Rodríguez
OCE - Observatorio Ciudadano de la Educación
México

Orlando Pulido
UPN - Universidad Pedagógica Nacional
Colombia

Pablo Gentili
OLPED - Observatorio Latinoamericano de Políticas Educativas
Brasil

Pablo Venegas
PIIE - Programa Interdisciplinario de Investigaciones en Educación
Chile
Rafael Lucio
OCIPE - IDEUCA - Observatorio Centroamericano para la Incidencia en las Políticas Educativas
Nicaragua

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9 de Junio de 2006
     
DECLARACIÓN DEL FLAPE FRENTE AL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL
POR CAMBIOS EN LA EDUCACIÓN EN CHILE

Durante las últimas semanas de mayo y comienzos de junio del 2006, la comunidad educativa latinoamericana, ha seguido con mucha atención la movilización de los estudiantes secundarios de la República de Chile, en pos de mejoras y cambios sustanciales en la educación. Estas masivas manifestaciones de disconformidad se han constituido en una suerte de catalizador de un malestar social profundo y expandido que, desde hace ya varios años, se ha venido expresando en múltiples instancias y por diversos organismos de la sociedad.

Las demandas estudiantiles buscan modificar la estructura legal y política en que se sustenta la institucionalidad del sistema educativo chileno, esto es la Ley Orgánica Constitucional de la Enseñanza (LOCE) -ley promulgada el último día de la dictadura de Augusto Pinochet-, así como revisar el proceso de descentralización y el financiamiento de la educación.

En Chile, los cambios educativos implementados desde la vuelta a la democracia han sido realizados en el marco de la legalidad construida durante la dictadura, lo que ha permitido consolidar un sistema educativo profundamente inequitativo, cuyo rasgo más sobresaliente es la segmentación social de la población estudiantil chilena.

Indudablemente, al mirar en perspectiva, se observan cambios notables en la educación en el país: en cobertura, en infraestructura y en salarios docentes. Sin embargo, tanto o más notables son los déficit, los vacíos y las desigualdades contra las que hoy se rebelan nuestros estudiantes.

Ya en el año 2004, el Informe de la OCDE expresaba que el sistema educacional (chileno) está concientemente estructurado por clases y se preguntaba si acaso la reforma educacional en Chile no había llegado a un nivel donde las condiciones estructurales de la propia institucionalidad diseñada por el régimen de Pinochet, régimen para el cual la equidad no era un objetivo prioritario, le impedirían seguir avanzando como en sus primeros momentos. Y agregaba, “La educación chilena está influenciada por una ideología que da una importancia indebida a los mecanismos de mercado para mejorar la enseñanza y el aprendizaje. Por lo tanto, el intervencionismo activo del centro, está limitado por mecanismos de mercado” (Informe OCDE, 2004, pág. 290).

La crisis de la educación chilena puesta en evidencia por el movimiento estudiantil de estos días constituye una gran oportunidad. Hoy es el momento de que la sociedad chilena –y con ella el propio gobierno- aborde un problema no resuelto por los gobiernos de la Concertación hasta ahora: el de una legalidad que privilegia la libertad de enseñanza por sobre el derecho a la educación; el de una legalidad en educación que permite a particulares lucrar con dineros públicos; el de una legalidad que da preferencia a la libertad de constituir empresas (establecimientos educacionales) con fines de lucro por sobre el derecho a una educación de calidad para todos. El de una legalidad, en fin, que legitima procesos de selección de los alumnos que resulta en exclusión y segmentación social.

En este contexto, la sociedad chilena se ve enfrentada a una decisión trascendente: inclinar la balanza hacia una concepción de la educación como derecho o mantener –como hasta ahora- la balanza inclinada hacia la concepción de la educación como mercancía, a la cual se accede según la capacidad de pago de las personas. Este núcleo del conflicto es común a la mayoría de los países de América Latina, en tanto la matriz ideológica de los procesos de reforma que se han impulsado ha sido la misma: privilegiar las leyes de mercado como principal mecanismo para lograr la calidad de los procesos educativos.

El movimiento estudiantil, ha puesto en evidencia un conflicto por años soslayado; ha hecho imperativo mirar los fracasos de la educación bajo el actual modelo; nos ha hecho evidente que las plumas de colores con las que nos hemos mostrado frente a otros, aún después de todos estos años, no han sido suficientes para dejar de estar desnudos.

El gobierno de la presidenta Michele Bachelet ha debido escuchar a los estudiantes y se ha comprometido a generar los proyectos legales para los cambios que se desean. También ha conformado una Comisión -que expresa todas las “sensibilidades” de la sociedad chilena- para que se aboque al estudio y a la generación de propuestas de cambio de la ya señalada Ley Orgánica Constitucional de la Enseñanza, de los mecanismos de financiamiento y sobre el proceso de descentralización, entre otros. Esta Comisión en la que también participarán representantes de los estudiantes secundarios y universitarios, deberá dar pie a un diálogo nacional sobre educación y, particularmente, sobre los cambios que ella requiere.

El curso y resultados de estas medidas son aún inciertos, pero su desenlace es importante no sólo para Chile sino para toda la región, en tanto las tensiones que se han expresado en este conflicto, son las mismas que, con mayor o menor intensidad, están presentes en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe.

El Foro Latinoamericano de Políticas Educativas (FLAPE), red de organismos académicos y de la sociedad civil de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Nicaragua y Perú, que trabajan a favor del Derecho a la Educación para todos y todas en América Latina, hace votos porque los justos reclamos de los estudiantes chilenos encuentren la respuesta adecuada de parte de la Comisión creada por la Presidenta Bachelet y de los poderes del Estado chileno, y que sus voces se multipliquen en las Comunidades Educativas, gobiernos y parlamentos de todos nuestros países por un cambio educativo a favor de los excluidos del Derecho a la Educación.

FLAPE

Argentina - Laboratorio de Políticas Públicas

Brasil - Observatorio Latinoamericano de Políticas Educativas (Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad del Estado de Río de Janeiro)

Chile - Programa Interdisciplinario de Investigación Educativa

Colombia - Universidad Pedagógica Nacional

México - Observatorio Ciudadano de la Educación

Nicaragua - Instituto de Educación de la Universidad Centroamericana

Perú - Foro Educativo

     
 
 
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5 de Junio de 2006
     
DECLARACIÓN PÚBLICA

Frente a las demandas estudiantiles planteadas a las autoridades del Ministerio de Educación a través de la Coordinadora de Estudiantes Secundarios, el Programa Interdisciplinario de Investigaciones en Educación (PIIE), miembro del Foro Latinoamericano de Políticas Educativas (FLAPE), expresa:

El país se encuentra impactado por la fuerza con que se expresa el movimiento estudiantil, que progresivamente está teniendo carácter nacional y que plantea introducir transformaciones de fondo en el sistema escolar.

Junto a sus demandas reivindicativas específicas, como gratuidad de la PSU y pasaje escolar, se suman demandas de tipo pedagógico, como la utilización adecuada y pertinente de los tiempos e infraestructura en la Jornada Escolar Completa, y también se plantean temas que aluden a la actual estructura del sistema educativo, como es el cuestionamiento a la Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza (LOCE).

La fuerza de sus demandas se dimensiona, por una parte, por la capacidad de aglutinar a los diversos estamentos que actúan en el ámbito escolar (docentes, paradocentes, padres, madres y apoderados), y por otra, por el hecho de colocar en la agenda política, la urgente necesidad de revisar aspectos sustanciales del sistema educativo.

Nos encontramos ante jóvenes actores sociales que ejercen sus responsabilidades y derechos ciudadanos, en una práctica democrática que se ha constituido en un ejemplo para la sociedad en su conjunto.

La participación amplia y diversa en esta movilización del alumnado de colegios y liceos, da cuenta de una clara preocupación por la realidad educativa de los sectores con menores recursos, que no se limita a reivindicaciones inmediatas y puntuales. Esta preocupación, a su vez, ha impactado en la opinión pública, involucrando a actores que trascienden el quehacer educativo, alcanzando al mundo político, social y académico en su conjunto. La actual coyuntura pone en debate al menos dos aspectos sobre los cuales queremos expresar nuestra opinión:

El primero se refiere a una revisión acuciosa y amplia de los fundamentos legales que sustentan la estructura actual del sistema educativo. Esta revisión implica dar inicio a un proceso de debate, informado y participativo, que permita el diálogo entre diferentes posturas y actores, respecto a las características y condiciones de un sistema educativo que responda a las necesidades y demandas por una educación de calidad para los sectores más postergados. En nuestra opinión esta es una condición ineludible para un desarrollo más justo y equitativo en nuestro país. El actual marco legislativo, que incluye a la LOCE, además de leyes referidas al financiamiento vía subvención y al traspaso de establecimientos a Municipios, no ha respondido a los problemas y necesidades reales de un sector mayoritario de la población, y, por el contrario, ha profundizado las desigualdades.

El segundo aspecto se refiere a una revisión, también acuciosa y amplia, de las políticas educativas implementadas a partir de los 90.

La demanda puntual de los estudiantes en relación a la JEC, nos hace pensar en la necesidad de generar un cambio en el diseño e implementación de las políticas educativas. En otras palabras, junto a los necesarios objetivos y contenidos técnicos, se debe dialogar con las aspiraciones y necesidades tanto de aquellos directamente involucrados, como con el conjunto de actores sociales interesados en el mejoramiento efectivo de nuestra educación.

Estamos frente a una oportunidad histórica para producir una inflexión en la orientación de las políticas educativas, favoreciendo la activa participación de los actores sociales, condición ineludible para avanzar en calidad, como ha sido comprobado por innumerables estudios e investigaciones.

Pensamos que una nueva reforma, como lo expresó la Presidenta, debe orientarse hacia una mayor democratización de nuestra educación, generando espacios efectivos de participación, promoviendo políticas de equidad e introduciendo transformaciones de fondo al actual marco legal del sistema escolar, en aras de resguardar el derecho inalienable a una educación de calidad para todos y todas.

Reiteramos nuestro apoyo a las movilizaciones estudiantiles, rechazamos la violencia tanto de la fuerza pública como de grupos violentistas y expresamos nuestra confianza y esperanza, en que muy pronto se llegue a un acuerdo que involucre a las autoridades gubernamentales, a los legisladores y al conjunto de los actores sociales, en torno a respuestas concretas que permitan mejorar la calidad de la educación y superar la grave situación de desigualdad y segmentación social que aqueja a nuestro sistema escolar.

FLAPE

Argentina - Laboratorio de Políticas Públicas

Brasil - Observatorio Latinoamericano de Políticas Educativas (Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad del Estado de Río de Janeiro)

Chile - Programa Interdisciplinario de Investigación Educativa

Colombia - Universidad Pedagógica Nacional

México - Observatorio Ciudadano de la Educación

Nicaragua - Instituto de Educación de la Universidad Centroamericana

Perú - Foro Educativo

     
 
 
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