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EL CURRÍCULUM BAJO EL REFERENTE DEL DERECHO A LA EDUCACIÓN
Las reformas educativas de la Región centran sus propósitos en el diseño y concreción del currículum, en tanto éste concentra las intencionalidades institucionales y los objetivos educativos. Es aquí, entonces, donde se ubica la filosofía que subyace a las políticas educativas, la que no siempre se explicita con claridad. Así, un currículum con enfoque tecnológico resalta los componentes científicos y técnicos que aportan a la cientificidad de la educación, invisibilizado la filosofía eficientista dirigida a responder a las demandas del mercado. En el polo contrario, un currículum desde un modelo crítico transformador releva los atributos que contribuyen al desarrollo de las capacidades de los individuos, proyectándolas hacia la transformación personal y social.
El debate sobre el derecho a la educación, sin duda, va mucho más allá del logro de una educación para todos. Es en el currículum donde este derecho toma cuerpo y se hace realidad. Al respecto tres enfoques podríamos resaltar en este abordaje:
- En primer lugar, el Derecho a la Educación, haciendo efectivo el derecho fundamental de todos y todas a una educación de calidad.
- En segundo término, la Educación en Derechos, referida a cómo los derechos humanos están presentes en los contenidos curriculares. Desde aquí se ofrecen modelos de convivencia, solidaridad y respeto, para que sean incorporados por los educandos.
- El tercer enfoque es de carácter vivencial: la Vivencia de los Derechos en la Educación, cómo éstos se hacen vida en los centros educativos, la valoración de los menores, el papel que juegan en su educación y cómo participan en ella. En esencia, es el sujeto, con sus derechos, el referente de lo que el currículum le debe proporcionar.
Lo dicho supone que el derecho universal a la educación no debe ser utilizado de forma aislada, por el contrario, requiere ser articulado con otros derechos. El currículum, entonces, tiene el cometido de contribuir a que la educación, capacitadora para el ejercicio de los derechos civiles y políticos, dinamice la concreción de la libertad de expresión y haga efectiva la participación política.
Si bien el derecho a ser educado se ha traducido y limitado a poder estar escolarizado, hoy las tecnologías de la información obligan a redescubrirlo en un contexto nuevo, donde las instituciones han sido desbordadas y la escuela ha perdido el monopolio. Adicionalmente, este sujeto de derechos ya no acaba en los menores sino que abarca al ser humano en general, la educación de los adultos a lo largo de toda la vida. Por ello es que el derecho a la educación interactúa también con el derecho a la información, los medios, las nuevas tecnologías y la oferta cultural del contexto.
Este currículum, como concreción del derecho a la educación, se ha de regir por principios fundamentales que requieren de una profesionalidad docente ampliada que tome en cuenta las necesidades de la niñez y adolescencia, adoptando una pedagogía que integre una selección de contenidos culturales relevantes y resalte el protagonismo del sujeto de la educación. Esto contrasta con una concepción enraizada: la ideología del mercado, con enfoque economicista, insensible a las necesidades de la niñez, aliada con el más rancio neoconservadurismo. Desde esta lógica, los valores culturales están subordinados a su valor de utilidad para la vida activa; los contenidos curriculares son valederos en tanto fomenten competencias visibles y medibles. Esta óptica mercantilista y de la competitividad no contribuye a orientar los marcos de la educación.
Se trata, por tanto, de reconstruir un consenso en torno a la figura del alumno como sujeto personal, social, receptor pero también creador, asimilador pero también procesador e innovador. Este cambio de paradigma requiere de respuestas constructivas por parte de los actores educativos, respeto al sujeto psicológico, a su autonomía y libertad, seleccionando la cultura que le ayude a estar informado y a participar del mundo. Este sujeto no es aséptico, universal, retórico, sino contextuado social y culturalmente. En este sentido, el fracaso escolar constituye la negación o mutilación de este derecho.
Lo anterior no se hace posible sin la combinación de esfuerzos de todos para lograr los objetivos del currículum: administración responsable; profesores competentes y motivados, con responsabilidad compartida; creación de un sistema de calidad; alumnos que perciban el valor de la educación; familias comprometidas en la educación de sus hijos e hijas y sociedad civil involucrada. De esta forma será posible gestar un sistema de ayudas para apoyar a quienes quedan rezagados, de manera que se haga realidad una educación sin exclusión.
Con esta nueva mirada del currículum, varios principios debieran ser tomados como referentes que guíen su construcción y puesta en escena:
- Responsabilidad compartida en la conversión de los contenidos curriculares.
- Incorporación en el currículum de los significados y prácticas educativas con enfoque de derechos.
- Ampliación de la perspectiva de la enseñanza y del aprendizaje.
- Un profesorado que educa (no sólo enseña contenidos) y a la vez aprende en diálogo con los alumnos.
En síntesis, un currículum expresado como experiencias de aprendizaje, abierto a la crítica y a su transformación; con legitimidad en tanto interpreta con pertinencia los derechos de la niñez y adolescencia. Un currículum integral que abarca de forma holística estos derechos y también a la persona en su complejidad. Integrador de los valores fundamentales y con un sentido amplio de la cultura en sus raíces y horizontes, con respeto y tolerancia hacia las diferencias culturales y de pensamiento. Orientado a educar ciudadanos libres y tolerantes en una sociedad democrática sin discriminación. Con una visión del mundo que reclama un orden e interdisciplinariedad en la enseñanza centrada en el sujeto, que refleja el derecho a la identidad de las minorías étnicas y la diversidad, la libertad de expresión y el acceso a la información, orientado a la innovación permanente. Un currículum que supera un aprendizaje de mantenimiento y adopta un aprendizaje transformador; y, finalmente, un currículum abierto al escrutinio público.
El debate en torno a este tema requiere supeditar los tecnicismos que frecuentemente abundan como prioridades ajenas a la Educación como Derecho, al Derecho a la Educación, a una Educación en Derechos, y a una Educación que ponga en acción la Práctica de los Derechos. |
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